
"La gente comenzó a llamar a la radio porque no se quiere morir", alertó el periodista Angel Fretes
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A través de sus redes sociales, Fretes manifestó:
Nunca me pasó esto en los casi 12 años de radio que hago...la gente comenzó a llamar al Programa porque no se quiere morir...
Hay días en los que el periodismo duele. Duele profundamente.
Y no por una discusión política o una noticia incómoda, sino por esas llamadas que te atraviesan y te dejan sin palabras.
En los últimos días, recibí tres llamadas al aire que todavía están en mi mente, y, sinceramente, me cuesta dormir. Tres personas con cáncer, tres fueguinos que no quieren morirse, pero sienten que el Estado los está dejando morir.
El primero fue Fernando Gallo, de Río Grande. Con la voz quebrada me contó que le cortaron el tratamiento de quimioterapia por casi dos meses. Dos meses de angustia, de incertidumbre, de miedo. Dos meses en los que tuvo que contratar un abogado y recurrir a un recurso de amparo para que la.obra social OSEF haga lo que debería hacer sin que nadie lo pida: cuidar la vida.
Después fue Susana, una vecina de Ushuaia. Paciente oncológica, luchadora, que hace casi un año espera un turno. Un año de espera para alguien que no tiene tiempo para esperar. Un año que no se mide en calendarios, sino en dolores, en tratamientos, en noches en vela. "No la quiero perder", me dijo su hijo "al aire".
Y ahora, un vecino de Tolhuin, internado en el Hospital Regional Ushuaia, que pide desesperadamente una derivación. Solo cuenta con un grupo de personas que lo estan acompañando, ya no sabe a quién más recurrir. Su cuerpo pide atención, pero la burocracia y la desidia lo encierran entre papeles y excusas, y su último pedido es poder estar con su familia en Buenos Aires. "Solo me dijeron que me queda una semana de vida", contó.
Como periodista, mi trabajo es dar voz a quienes no la tienen. Uno aprende a mantener la distancia, pero como persona, como ser humano, siento una impotencia, una tristeza y una rabia que no puedo ni quiero esconder. No es solo el dolor de ellos: es el reflejo del abandono que sienten miles de fueguinos cuando el Estado se vuelve sordo, ciego e insensible.
Y es imposible no señalar responsabilidades. Porque detrás de cada demora, de cada trámite que no sale, hay una gestión que decidió mirar para otro lado.
El Gobernador Gustavo Melella tiene que saber que estas historias no son casos aislados: son el resultado de una política que está fallando, de un sistema que se rompe mientras las vidas se apagan.
No se puede gobernar una provincia cuando la gente se muere esperando que alguien los atienda.
No se puede hablar de futuro, cuando hoy, en Tierra del Fuego, la vida de un paciente oncológico vale menos que un trámite administrativo.
Y eso, gobernador, no es un dato técnico. Eso es una tragedia humana.




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